Tuesday, October 10, 2006

NINA SIMONE


Al ritmo de Nina Simone, en el hermético pero confortable y seguro mundo de su habitación, Hada recordaba la escena de despedida que hacía escasas horas había tenido lugar en el umbral de la puerta de su casa. No era la primera vez que aquel hombre y ella (a veces amantes, otras amigos y otras más, completos desconocidos) se decían adiós.
Siempre acababan por recurrir el uno al otro, por miedo a la soledad, por desesperación, por deseo irrefrenable, por rescatar un solo minuto de comprensión... por la necesidad de sentirse amados al fin y al cabo.
Pero aquel día, él lloró amargamente ante su presencia, ante lo que Hada decidió no extrañarse y por lo tanto no preguntar. Se habían jurado el uno al otro no interrogar acerca del origen de sus sentimientos, sino tan sólo expresarlos. Y ella sabía que en cuánto cruzara la puerta sin él, no volvería a verle aparecer en su vida (ni de manera furtiva ni de manera formal). Él se alejaría de ella y Hada jamás le pediría explicaciones.
Ahora la vida continuaba con un poco menos de sentido y al ritmo de las melancólicas canciones de Nina Simone.

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